Maternidad·Sobre bebés

Nuestro destete nocturno – Parte I

Tras 29 meses de exitosa lactancia ha llegado el momento en el que he tenido que pararme a reflexionar sobre la continuación con ésta. Y es que, como todas las mamis que dais el pecho ya sabréis que muchas veces se hace cuesta arriba. La verdad es que cuando comencé a dar el pecho nunca me imaginé que llegaría tan lejos… de echo no me veía capaz ni de llegar a las 4 meses que muchas nos marcamos como meta, debido a la incorporación al trabajo tras la baja de maternidad, y también debido a la escasa información que nos facilitan sobre los beneficios que supone mantener una lactancia prolongada.

Han ido pasando los meses y los años y hemos superado obstrucciones, grietas y mastitis… pero ninguna de esas dificultades han sido las causantes de que me planteara abandonar la lactancia, sino que ha sido el cansancio, el no poder dormir y el dolor de espalda permanente de dar el pecho durante tooooda la noche. Dormía apenas 4h de forma interrumpida y con el cuerpo en permanente tensión… de echo ya no era capaz ni de dormir si se daba la ocasión.

El debate interno es importante: por un lado quieres continuar con la lactancia, disfrutando de ese vínculo tan especial y aportándole a tu peque todas esas defensas tan importantes en los primeros años de vida, y por otro lado, tu cuerpo está agotado, saturado, no consigues descansar de ninguna manera y eso pasa factura tanto física como psicológicamente. En medio de ese debate surgió la opción del destete nocturno.

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Desde luego, esa era la mejor opción, pero… ¿cómo abordarlo? Alicia, en casa, únicamente se dormía en el pecho, así que realmente lo veía muy oscuro. Se lo planteé a mi marido y decidimos que su papel iba a ser fundamental para que el destete nocturno fuera exitoso, así que decidimos ponernos manos a la obra. Aunque no nos ha servido mucho directamente, el libro de la Teta cansada, creo que ha servido para allanar un poco el camino. Lo hemos ido leyendo con frecuencia y para el momento del destete nos sirvió para ponerle de ejemplo la historia del niño del cuento.

La primera noche fue dura, no os voy a engañar. Le explicamos que no habría tetita, que estaban muy cansadas y que necesitaban descansar… no habría más tetita hasta que fuera de día, y entonces podría tomar toda la que quisiera. En vez de tetita por la noche, tendría muchos besos y abrazos de papá y mamá, todos los que necesitara. Aunque nos dijo que sí, como os podéis imaginar, cuando le entró el sueño pidió su teti. Yo me fui a otro cuarto y papá se hizo cargo ya que parecía que estaba más tranquila cuando no me veía. Jugando, cantando, abrazándola y con una gran dosis de paciencia, consiguió dormirla, no sin dificultad. Entonces regresé a la habitación y me acosté a su lado. Tuvo varios despertares y en todos pidió, y se enfadó… fue duro para las dos. Al día siguiente en cuanto despertó le hicimos una fiesta diciéndole que se había portado como una campeona dejando descansar a las tetitas y que ahora tenían mucha leche. Todos los familiares la llamaron para felicitarla y ella se mostró muy contenta. Por supuesto, ese día hubo barra libre de tetita.

El segundo día no tuvo nada que ver. Nos acostamos los 3 en la cama y le recordamos que por la noche no habría tetita. Solo pidió 2 veces. Empezó a buscar posturas para dormirse, se ponía boca abajo, me cogía la cabeza como si fuera un peluche, me agarraba las manos… básicamente buscaba otra rutina diferente para dormirse. Esa noche se despertó solo 3 veces. En comparación con las 15 veces que venían siendo no está mal, ¿verdad? Lo mejor es que no lloró, no se enfadó, entendió que iba a seguir teniendo tetita por la mañana.

A partir de entonces seguimos igual, cada vez menos despertares y lo mejor de todo es que si se despierta se duerme sola o con unas simples caricias. Básicamente lo que hacemos cada noche es acostarnos y contarle un cuento, cantarle, rascarle la barriguita… relajarla todo lo posible para que pueda conciliar el sueño. Si se despierta nos abrazamos y le ofrezco agua. Sobretodo recalcarle durante el día que tome toda la tetita que quiera y señalarle lo bien que lo ha hecho la noche anterior, recordándole que por la noche debe dejarlas descansar pero que estamos papá y mamá para ofrecerle todo nuestro amor si se despierta. Llevamos 10 días de destete y según me dijo la pediatra son 21 días los que necesitamos las personas para asimilar un cambio de rutina, así que ya os contaré como pasamos las próximas noches.

De momento estoy muy satisfecha ya que ambas podemos seguir disfrutando de los beneficios de la lactancia, sin pagar el bagaje de lo que supone no descansar en más de 2 años.

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Esta es mi historia. El por qué he decidido realizar un destete nocturno y cómo lo estoy llevando a cabo. No quiero decir que ésta sea la forma adecuada de hacerlo, sino que es el método que a nosotras nos ha funcionado. Cada lactancia es diferente y cada madre sabe cómo debe afrontarla en beneficio tanto para ella como para el peque, pero sí espero que este artículo sirva para empatizar con todas aquellas mamis que estén en una situación parecida a la mía.

Próximamente os cuento como continuamos. ¡Besos!

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