Maternidad · Sobre bebés

Como ir a la playa con un bebé y no morir en el intento

Este verano nos hemos podido escapar una semanita a la playa con la peque. Era la primera vez que íbamos con Alicia y estábamos super ilusionados con verle la carita a la niña cuando viera el mar. ¡Qué imagen tan bonita teníamos en nuestra cabeza y qué diferente fue todo! Cómo diría mi abuela, ¿Pero qué esperabas, alma de cántaro?

Pues allí nos plantamos los tres, en un apartamento muy acogedor y relativamente cerquita de la playa. Una vez instalados empezamos a preparar la logística para ir… ardua tarea, creedme… Y es que aquello de coger la toalla y la sombrilla y bajar un ratito cuando te diera la gana se acabó, dile adiós con la manita como si lo vieras alejándose mientras vas de copiloto en un Ferrari a toda marcha.

El primer problema es que, lógicamente y si no quieres que tu peque se desintegre, has de evitar las horas centrales del día, que aquí en Andalucía podríamos decir que son desde las 12h hasta las 18h. Cómo íbamos a aprovechar todo lo que pudiéramos para que Alicia disfrutara al máximo de la playa, decidimos ir temprano por la mañana, cual valientes e ilusos exploradores. Nos levantamos temprano (cosa que Alicia nos facilitó con sus despertares mañaneros) y comenzamos la aventura: cambiamos a la niña, le doy el pecho, desayunamos nosotros, nos embadurnamos en protección solar 50+ (cosa que hace que nos parezcamos a Edward Cullen cuando le da el sol), preparamos mochila con toallas, refrigerios, cubos y palas para que la peque se lo pase pipa, cremas solares, coger la sombrilla, bañador de la niña, gorrito, piscinita, pañales normales y acuáticos, volver a cambiar a la niña porque se ha hecho caca, ponerla en el carro y, finalmente, encontrarnos en la puerta del apartamento cargados de bultos a las 11h…¿pero qué ha pasado con las horas? ¡Si a las 12h tenemos que estar de vuelta! Pues fuimos, sí, sí, ¡no nos iba a acobardar nada! Todo por verle la carita a nuestra niña jugando con la arena, aunque solo fuera un ratito.

Allí íbamos los tres, cargados hasta las cejas directos al acceso a la playa, que estaba al lado y… ¡sorpresa! Solo hay escaleras. ¡Un aplauso para los arquitectos y sus barreras arquitectónicas! Las opciones eran: bajar mil escalones (o eso me pareció a mi) con el carrito, mochila y sombrilla, o andar 1km hasta encontrar un acceso con rampa. Dado que yo llevaba el carrito y estaba en juego la integridad de mi hija, decidimos ir por la rampa cargaditos hasta arriba y con el sol calentándonos la espalda. Pero no pasaba nada, todo por nuestra peque.

IMG_20160729_142727.JPG

¡Llegamos! ¡Qué preciosidad! ¡Qué vistas! ¡Y qué tardeeee! Eran ya las 11:45h así que corriendo arrastramos literalmente el carro por la arena hasta ponernos cerquita de la orilla del mar. Montamos sombrilla, sacamos toallas, nos quedamos mi marido en bañador y yo en bikini (al revés sería muy raro) y cojo a la peque del carro para ponerle el pañal bañador y el bañador propiamente dicho, con su correspondiente segunda mano de crema solar.

Surge la primera señal de alarma: cuando cojo a la niña del carro ésta se agarra a mi cual cria de koala. Teniendo en cuenta que está comenzando a andar y que solo quiere suelo, era una reacción extraña. Consigo dejarla en la toalla, toca un poquito la arena y comienza  a llorar. La cojo de nuevo y se calla. Me agacho y llora. Pues sí, a la niña no le gustó la arena. Y allí estábamos, cansados y desmoralizados al ver que al final, después de todo, Alicia tampoco se lo estaba pasando bien. Así que a los 10 minutos de llegar (ya eran las 12:15 y los ánimos estaban por lo suelos), desmontamos el chiringuito y nos fuimos para casa tristes por el chasco que nos habíamos llevado.

Una vez mascado el fracaso decidimos ir haciendo un período de adaptación a la playa, fuimos más veces y poquito a poco Alicia se fue adaptando y nosotros mejorando la logística.

Lo primero que hicimos fue decirle bye, bye al carro y hola a la Tula Baby (portabebé). ¡Qué alivio chic@s! Yo llevaba la niña y tenía las manos libres para llevar algo más si hubiera hecho falta. Además accedíamos a la playa por las escaleras en un momento… nada de andar buscando una acceso para el carro ni de arrastrarlo por la arena. Referente a las toallas, las cambiamos por una esterilla grande para los tres y una toalla de microfibra que ocupa poquito para secar a Alicia. Al final conseguimos llevarlo todo, incluido juguetes, piscinita, esterilla y picoteo en un mochila, por lo que reducimos bastante los bultos.

IMG_20160711_231844.JPG

Alicia por su parte, superó en gran medida su tirria por la arena. Una tarde íbamos paseando por la orilla con ella en brazos y, de golpe, decidió bajar al suelo y ponerse a caminar con las olitas rompiendo en esos piececitos tan regordetes. ¡Qué orgullo y  qué satisfacción más grande ver que mi chiquitaja estaba superando sus propios temores! Y ya está, de golpe se nos olvidó todo el trajín de chismes, calor e incomodidades. Porque todo, absolutamente todo, había merecido la pena por ver esa carita de felicidad.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s